Colaboraciones: la mano detrás del pensamiento


(Abrimos aquí la primera sesión de Colaboraciones, una sección en que cedo la tecla y la palabra a compañeros y amigos que amablemente se han ofrecido (o voy reclutando) para escribir para este blog. La primera de ellas es Beatriz Moncó, filóloga clásica y bíblica, mamá canguro y otras muchas cosas más. Ahí va:)

La mano detrás del pensamiento

He recuperado un post antiguo del blog Arquitecturas, como aperitivo para el libro que nos llega mañana y que reseñaremos aquí al alimón: La mano que piensa, del arquitecto finés Juhani Pallasmaa. Debo confesar que no lo hemos leído aún, y que tenemos ganas...





Hay un blog de Manuel Lorenzo, profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo, que se titula precisamente La Razón Manual, título que necesariamente evoca la Razón Pura o la Práctica de Kant. El núcleo de su exposición, que desarrolla en su libro Introducción al pensamiento hábil, remite al concepto de homo habilis, nuestro antecesor, aquel que ya podía hacer cosas con las manos. Las manos como catalizador del pensamiento abstracto, que vendrá después, que está ahí en su germen.




Olduvai Chopper by Didier Descouens

Ya lo decía Anaxágoras, uno de los filósofos griegos más antiguos, de los llamados presocráticos: la inteligencia proviene de las manos. A eso nos remiten proyectos como Wisdom of the hands. Lo decía Anaxágoras, o creemos que algo así decía Anaxágoras, pues los fragmentos de los presocráticos que hoy leemos de seguido en un libro, en realidad se encuentran dispersos en citas y los filólogos las han buscado con lupa en las obras de otros autores y en trocitos de papiro. Autores que, además, se llevaban siglos con la obra que citaban. Para colmo, en la Antigüedad, las citas no eran muy exactas, que digamos. Se citaba de oídas o de memoria muchas veces. El texto en cuestión de Anaxágoras está en una obra de Aristóteles, De Partibus Animalium Δ10 687a, DK II A102: Ἀναξαγόρας μὲν οὖν φησι διὰ τὸ χεῖρας ἔχειν φρονιμώτατον εἶναι τῶν ζῴων ἄνθρωπον· Anaxágoras dice que el hombre es el más inteligente de los animales por el hecho de tener manos (la traducción es mía).
No estoy muy seguro de eso...
Hay una rama de la lingüística, la lingüística cognitiva, para la cual los conceptos surgen de nuestra experiencia corporal y, a través de procesos mentales como la metáfora o la metonimia, van creando lenguaje. Lo explica muy bien Lakoff en su libro Metaphors we live by (Chicago 1980), traducido como Metáforas de la vida cotidiana (Madrid 2001) y escrito con Mark Johnson. La idea central es que somos un cuerpo en el espacio; en consecuencia, creamos pensamiento y lenguaje a través de la formación de metáforas conceptuales que surgen de nuestro sistema sensorial y motor. Pongamos sólo un par de ejemplos de estas metáforas: alegre es alto; triste es bajo. Así, decimos estar bajos de ánimo, hay que levantar la moral, cayó en una depresión... Otro más: el tiempo se ordena a partir de las categorías espaciales: delante es el futuro, detrás es el pasado. Así, decimos: lo dejo para más adelante, este problema viene de tiempo atrás... (Cito a Lakoff de memoria, así que no pongo páginas ni nada, dado el lamentable estado de ordenación de mi biblioteca tras la última mudanza. Total, cito como Aristóteles).
Y hablando de manos, no quiero irme por los cerros de Úbeda sin dejar de recordar algunas metáforas manuales: estar a mano, tener la mano larga, tener mano izquierda, tener las manos limpias, tener manos de mantequilla, a manos llenas, bajo mano, caerse algo de las manos, mano sobre mano, con una mano detrás y otra delante, írsele a alguien la mano, levantar la mano, llegar a las manos, pedir la mano, no dejar de la mano, poner la mano encima, ponerse en manos de alguien, tener a mano... y mejor no sigo, que esto se me termina yendo de las manos.

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